TESTIMONIOS

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11.24.08
Testimonios Del Pasado
 
Los siguientes testimonios fueron publicados en la edición de junio de 1947, en el Heraldo De La Verdad. Esto es tan sólo un año después que el Hermano Branham recibiera su comisión de parte del Ángel.
TESTIMONIOS
En el mes de septiembre que pasó fui a ver al Doctor Weldon Baker de Phoenix, Arizona. Él me tomó dos radiografías, una del colon y una del pecho. Encontró que yo sufría de un caso grave de colitis y que el corazón estaba demasiado grande a raíz del envenenamiento y sólo una quinta parte de mi hígado estaba funcionando. Se estaba endureciendo y habían varios cálculos del tamaño de la uña del pulgar al lado derecho de mi hígado. Él sugirió una dieta. Había tomado varios tratamientos cuando me puse muy enferma así que una mañana el Dr. Anderson vino a verme. Le pregunté a él si la molestia en mi costado era cáncer. El Dr. Baker tomó otra radiografía que mostró que el cáncer estaba peor en el lado derecho que en el izquierdo.
En diciembre me enfermé demasiado. Mi esposo mandó a llamar a mis hermanos. El Dr. Baker vino y los santos estaban orando por mí cuando él llegó. Él me dijo que llevaba muerta dos minutos pero que Jesús había escuchado el clamor de los santos. Yo estuve en cama por nueve semanas y perdí casi cuarenta libras.
El Hermano Outlaw me habló que el Hermano Branham venía para Phoenix. Yo fui a los servicios y vi lo que el Señor estaba haciendo. Una mañana me estaba sintiendo tan mal que el Hermano Outlaw me dijo que me quedara donde estaba, que el Hermano Branham oraría allí por mí. Yo no tengo memoria de cuando me pusieron en el catre. Cuando menos supe, el Hermano Branham dijo: "Míreme, hermana". Primero fue un susurro suave, pero la tercera vez que él lo repitió, intenté abrir los ojos y todo era penumbras. Después él me preguntó si yo creía que un ángel había entrado en su habitación y le había dicho que tendría el poder para sanar a los enfermos, si las personas creían. Yo dije: "Sí, porque Él está a su lado en este momento". Él dijo: "Hermana, su fe la ha salvado. Dentro de setenta y dos horas Ud. estará muy enferma y en mucho dolor, pero sólo crea durante todo eso". Cuando el Hermano Branham lo habló pareció como que un aceite tibio comenzó a bajar de mi cabeza a mis pies, y mientras bajaba, el dolor desapareció. Yo me paré del catre dando gritos y danzando y pude asistir a los cinco servicios restantes en Phoenix.
Al cumplirse las setenta y dos horas, me puse muy grave. Me paseaba en la habitación a raíz del dolor tan agudo. Estuve enferma por cerca de dos semanas y después de eso comencé a comer lo que quería, cuando antes mi sustento era de jugos de fruta y sopa. Siete semanas después de que se orara por mí, me tomaron dos radiografías adicionales que mostraron que estaba completamente sana... Ahora mi corazón es de tamaño normal, y no hay endurecimiento del hígado, los lugares ásperos en mi colon se han normalizado y ya no tengo toxina en el tubo bronquial.
El Dr. Baker dijo que podía contar todo esto y él con mucho gusto mostraría las radiografías a cualquiera que gustara verlas, o él hablaría con ellos personalmente. Él me dijo que levantara el rostro porque ésa era mi única esperanza. Estoy glorificando a Dios por todo lo acontecido.
Sra. Hattie Waldrop,
Phoenix, Arizona.
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Estimado Hermano Branham,
Yo fui sana el 17 de febrero mientras Ud. estaba en Houston, Texas. Al principio estaba un poco temerosa de que se orara por mí siendo que soy católica. Viendo que otros católicos eran sanados, yo pedí en oración con tanta fe en Dios que si el mismo Diablo hubiera estado en la plataforma, no hubiera podido impedir que Dios me sanara del problema cardiaco y de un oído sordo. Le doy las gracias a Él por ello.
Marie Genaro,
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Estimado Hermano Branham,
Quiero agradecerle de nuevo por sus oraciones y el interés tan compasivo que mostró conmigo. Dios lo bendiga. No alcanzo a decirle todo lo que me ha ayudado. Ud. lo dio con tanta disposición y estoy segura que el Señor le repagará tan sólo como Él puede hacerlo. Tal vez le guste oír unos cuantos testimonios maravillosos de aquéllos que fueron sanados durante su visita a Oakland.
Max García contó de su madre, la cual venía enferma por algún tiempo con dolores de pecho. El domingo durante el servicio en el auditorio ella estaba muy enferma pero tuvo el sentir que muchos estaban más necesitados de ayuda que ella, así que no entró en la línea. Mientras Ud. oraba por los demás, ella fue sanada. Ella se había convertido y el martes en la noche mientras Ud. contaba la historia de su vida, ella recibió el Espíritu Santo.
También, el martes en la noche una niña lisiada, en la parte de atrás del salón recibió su sanidad. Ella alabó al Señor y danzó de gozo.
La Sra. Finley contó de una amiga que vino a la reunión con un caso de artritis muy severo en la columna. La primera noche (confesó ella después), que no había creído lo que Ud. decía y ella lo criticó duramente en su corazón. Ella volvió al auditorio. Cuando Ud. explicaba el sexto sentido, ella lo captó y comenzó a arrepentirse y a pedirle al Señor que perdonara su actitud. Mientras oraba allí en su asiento, el Señor la sanó.
Un ministro joven, el Hermano Jackson, dijo que el viernes en la noche cuando inclinó su rostro durante la oración, le aparecieron tres cimas de montaña oscuras. La palabra "fe" apareció en letras en llamas en la parte baja de cada una y a medida que Ud. oraba por cada caso, la palabra "fe" se movía hacia la cima de las montañas. Cuando alcanzaba la cima, explotaba en llama y Ud. decía: "La vibración ha parado".
Hermano Branham, hemos sido bendecidos maravillosamente y recibido ánimo por las cosas que hemos visto y experimentado durante este tiempo, y hemos sido inspirados por el ejemplo tan hermoso de humildad y la compasión que sentimos en Ud.
De nuevo le digo de todo corazón: "Gracias y que el Señor Jesús lo bendiga abundantemente".
Mary Durst,
Oakland, California.
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Estimado Hermano Branham:
Quiero alabar al Señor por sanarme en una de sus reuniones de Houston, Texas. La salud me comenzó a fallar hace cuatro años y rápidamente empeoró. Había perdido cincuenta libras de peso [22.6 kg]. Continuamente me debilitaba hasta que todas mis fuerzas habían desaparecido. Mi corazón estaba en muy mala condición y en momentos dejaba casi de latir. Había perdido ocho meses de trabajo por mi condición. Fui al médico y al examinarme, encontró que tenía un bocio en la garganta. Él dijo de una oportunidad para mí y era una operación, pero a menos que me recuperara un poco no la sobreviviría.
Oí de las cosas tan maravillosas que Dios estaba haciendo en Houston entonces decidí yo mismo ir a ver. La segunda noche, se oró por mí. Comencé a mejorar inmediatamente y en unas semanas el bocio que tenía había desaparecido por completo. He estado subiendo de peso constantemente. La fuerza me ha regresado y he regresado al trabajo y me siento bien. Yo sé que fue el Señor que me sanó así que lo estoy alabando por ello.
W. T. McCreight,
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Estimado Hermano Kidson,
Un número de nosotros fue a Jonesboro Arkansas, el otoño pasado cuando el Hermano Branham estuvo allá. Nuestra nieta pequeña había sido ciega de un ojo y el Señor la sanó. Ahora ella puede ver tan bien de uno como del otro. Ahora estamos muy ansiosos de que el Hermano Branham venga a Tennessee.
D. L. Jones,
Rt. 3, Lexington, Term.